lunes

Una entrada confusa

There’s a little room
Where the music in our eyes wake up

Sixteen hands for play
But sounds are laughing, laughing all the time
They pretend to catch them all, just for a little while
Sound pretend to flirt some more and silence, silence sleeps under the light.

Una entrada confusa, la salida clave.
El cuarto de color y música.
Un cuarto de temor y lucha.
La mirada cae.
Decaído el suelo escupe soledad.
Tu y yo, el llamado que la sangre calla.
3 esquinas, la cuarta vive para ser esclava.
El señuelo para estallar a la vida.
Amarillo viento que mueve mi pasado, mi pesar y mi eternidad.
¿Brilla? No conozco ese lugar.
Abatido el silencio desespera para yo esperar.
Comen soles, queman hambre. ¿Cuántas gotas de sal quieres?
Porque el río por fin volar sabe.
El gemir de las paredes está preso de nuestros seres.
Conocidos instrumentos decoran manos y los rostros aparecen tras la vida de sonidos aparentemente humanos.
El vestido que la crítica decoró.
Aquí se sudan las ideas como cristales de locura y de pasión.
La habitación donde los pasos se inspiran a olvidar.
Contigo quiero dar los siete pasos de regreso.
Radaid
Amé la letra, pero la canción es aún mejor.

sábado

No por hoy


La soledad hiso de las suyas, Knowout decisivo, golpe bajo al recordar ausencias. Hay noches cansadas, insoportables, ineludibles. Toca la puerta la duda, esto no lo soporto más, estás en lugares concurridos con personas sin rostro ni voz. Libertad, ¿Cómo? Si hoy estoy más fulminada que nunca; sigues en las horas más largas del día, en los minutos que duran un segundo. Mis ojos necesitan ver los lentos movimientos como aguas quietas ondeando reflejos de tus cosas bellas y no tan bellas. Hubiera preferido un sí, de esa manera mi naturaleza me haya hecho huir, el instinto de supervivencia estaría a flote, hubiera corrido antes de detenerme para ver un no disimulado, reservado, casi invisible. Hace algún tiempo recé por horas de paz, recé por minutos de horas blancas, que con el tiempo se convirtieran en días y tal vez una vida entera. Mis plegarias no alcanzaron vencer la gravedad, sigues aquí. Ayer te vi en mis sueños, me besabas, besos con sabor a tequila, lengua de sal y azúcar, besos oscuros de medio día sin caretas ni callejones, pero más allá de los besos una mirada con un sí sincero, manos urgidas de mi cuerpo, corazón con brújula no averiada. “Que lindo que es soñar” canta Johansen, pero más lindo la canta Alberto. “Soñar no cuesta nada”, me está saliendo caro. Pago el precio de caer tendida sobre lona sin fuerzas para levantarme Soledad, al menos no me levanto por hoy.
"...Todos estamos rotos pero enteros
diesmados por perdones y resabios
un poco más gastados..."
MB

Ludópata




"...conóceme muy bien
aquí siempre estaré
en esto de perder
se pierde una vez..."
XS



El destino amasa los naipes, la diástole dilata tanto que el palpitar retumba cual campanada llamando al juego repartido, todo el preludio me dejó agotada y ya has notado mi respiración, me observas para ver en mi iris el rumbo que tomará la fortuna. ¿Quien puso las reglas? ¿Será muy profano siquiera pensar en nosotros? Pero como negarme a tu juego, a tu sonrisa torcida, es ella quien ayuda a construir tu mejor estrategia.
El tablero de las probabilidades lanza nuestros números, según él esta no es la noche para apostarlo todo, lo anuncia ahí para deleite y burla de los espectadores que tratan de encontrar hasta el más mínimo fallo para vernos caer; con la sala llena mi ansiedad no puede ser vista, la esconderé tras los lentes oscuros, nadie rebela su debilidad y nos es flaqueza ni mucho menos uno de mis tantos remilgos, este juego no lo dejo ir.
Siempre te mueves en cámara lenta, los gestos ésta vez no te ayudan para ocultarte. Gradualmente tus cartas son descubiertas pero no dicen nada, sigo sin saber que quieres o a donde vas ¿Lo sabes tu mismo? La euforia me aconseja como a un Tahúr: “las caídas no se piensan o la mala suerte tocará a la puerta”. Apretando la pata de conejo exprimo su ya agotado elixir al tirar mis últimas cartas. Visualizo mis secuencias, número tras número expongo solo lo deseado, nadie necesita ver lo obvio, algo me dice que tome lo poco ganado y me retire, yo quiero más, siempre ha sido así, nada se logra sin riegos.
Mis cartas son observadas y sonríes, pareces satisfecho, al parecer no fui competencia para ti, tal vez solo una arrogante creyendo poder encajar en tu liga, la liga de los sobrevivientes, de los imposibles. Quien iba a decir que la sinceridad sería tu mejor carta, pero es que nadie apuesta por ello. Tenues risas sarcásticas se alejan, yo debería hacer lo mismo, para que no veas el monzón que se avecina en mis ojos, lo que menos quiero es una expresión de lastima en tu rostro. Mis largos pasos me llevan fuera de la mesa en la que dejo el corazón mientras el alma grita que no lo deje sin él. Tal vez me dirija a otro casino donde si la Dama Suerte se decide a regresar gane otro cualquiera y así pueda andar perdiéndolo de nuevo en el éxtasis de la emoción de un juego como el tuyo.


domingo

Mezcolanzas

Como me gusta escuchar boleros mientras mi vida pasa, especialmente sola. Esta mañana antes de abrir los ojos mientras trataba de repasar mis pendientes del día: la camisa de Emilio, el desayuno de Julián, las bibliografías para el seminario de redacción y mi mente sólo tarareaba “Lágrimas negras” así que me di la vuelta y me quede allí cinco minutos más. Emilio dice que soy una loca y nunca se lo he dicho, pero tiene razón, como casi a diario desde que nos casamos, lo que, obviamente me molesta hasta la médula y que importa ser una loca cuando vivo entre locos. Siempre recuerdo a mi vieja cuando pienso eso, cada que me daba por llorar con las novelas de Allende y ella me daba su mirada de “yo no sé a quién saco esta niña”, resoplaba y decía, “¿qué le pasó a Isabel esta vez chaparra?”. Creo que si ella estuviera aquí cuando decidí entrar a la facultad a mi edad diría que ya era hora de que no me negara todas estas pasiones no vividas que me rogaban a gritos platicarlas a alguien más que a ella. En el fondo se que las disfrutaba tanto como yo, más cuando me inventaba una vida en el cuarto del hospital y se las narraba cuando el dolor no le daba tregua sin poder dormir. Era el mejor juez sin duda, casi como uno de ésos sueco de las olimpiadas, poniéndole un tono interesante a mis personajes cuando al día siguiente me decía “¿no cres qué tu Mr. Lanne usa esos chalequillos cuadrados de los 40´s? parece uno de esos hombres que saben vestir”.
La familia está cambiando tanto que no me ha quedado más que darles rienda suelta igual que ellos me dieron esa carta a mí en su momento, antes creía que para ser buena cabeza de familia debería haber sido una entregada a cuerpo y alma a las labores diarias, pero me dio tanta flojera que ni siquiera lo intente. El chico no ha salido tan mal, se encierra por horas en la habitación del desastre nuclear con su guitarra desafinada y solo sale para contestar las llamadas de su mengana, ojalá hubiera sido yo tan sencilla y desenfadada como él, si algo no le sale se tira a dormir y despierta como si le hubieran señalado el camino ideal. Lo que para mí es un enigma es su soledad tan disfrutada por él, prefiere los unísonos de unas cuerdas y un cuarto oscuro, en ocasiones imagino que revela sus ideas y con el menor rayo de luz se velarían, creo que todas esas nostalgias vienen heredadas de mi lado de la familia. Rosario me decía en el descanso de la clase de ayer de la irrevocable maternidad y la variable paternidad, me empeñé en no creerle hasta que tuve que rendirme a su verdad. La chica me dejo rumiando y las semanas me están pasando muy rápidas, los días tienen muy pocas horas de luz y siento la cabeza como cuando bajaba de la montaña rusa, a pesar de esto estoy más plena que nunca, llenándome de distintas mezcolanzas cada día, creo que hoy sería nostalgias con algunas cucharadas extras de optimismo.

"Escribo este desastre, soplo..."
Gracias Marimar