"...conóceme muy bien
aquí siempre estaré
en esto de perder
se pierde una vez..."
XS
El destino amasa los naipes, la diástole dilata tanto que el palpitar retumba cual campanada llamando al juego repartido, todo el preludio me dejó agotada y ya has notado mi respiración, me observas para ver en mi iris el rumbo que tomará la fortuna. ¿Quien puso las reglas? ¿Será muy profano siquiera pensar en nosotros? Pero como negarme a tu juego, a tu sonrisa torcida, es ella quien ayuda a construir tu mejor estrategia.
El tablero de las probabilidades lanza nuestros números, según él esta no es la noche para apostarlo todo, lo anuncia ahí para deleite y burla de los espectadores que tratan de encontrar hasta el más mínimo fallo para vernos caer; con la sala llena mi ansiedad no puede ser vista, la esconderé tras los lentes oscuros, nadie rebela su debilidad y nos es flaqueza ni mucho menos uno de mis tantos remilgos, este juego no lo dejo ir.
Siempre te mueves en cámara lenta, los gestos ésta vez no te ayudan para ocultarte. Gradualmente tus cartas son descubiertas pero no dicen nada, sigo sin saber que quieres o a donde vas ¿Lo sabes tu mismo? La euforia me aconseja como a un Tahúr: “las caídas no se piensan o la mala suerte tocará a la puerta”. Apretando la pata de conejo exprimo su ya agotado elixir al tirar mis últimas cartas. Visualizo mis secuencias, número tras número expongo solo lo deseado, nadie necesita ver lo obvio, algo me dice que tome lo poco ganado y me retire, yo quiero más, siempre ha sido así, nada se logra sin riegos.
Mis cartas son observadas y sonríes, pareces satisfecho, al parecer no fui competencia para ti, tal vez solo una arrogante creyendo poder encajar en tu liga, la liga de los sobrevivientes, de los imposibles. Quien iba a decir que la sinceridad sería tu mejor carta, pero es que nadie apuesta por ello. Tenues risas sarcásticas se alejan, yo debería hacer lo mismo, para que no veas el monzón que se avecina en mis ojos, lo que menos quiero es una expresión de lastima en tu rostro. Mis largos pasos me llevan fuera de la mesa en la que dejo el corazón mientras el alma grita que no lo deje sin él. Tal vez me dirija a otro casino donde si la Dama Suerte se decide a regresar gane otro cualquiera y así pueda andar perdiéndolo de nuevo en el éxtasis de la emoción de un juego como el tuyo.
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